sábado, 23 de março de 2013

7:00pm



7.00 pm

Cuando la luz de las 7 de la tarde al otro lado de la ventanilla,
cabría pensar que la vida no es tan terrible.
Que aún queda leer y las fotos,
pasear con la vista puesta en la parte alta de los edificios
o imaginar historias de otros en un balcón abierto.
Pero irremediablemente acontece un echar de menos
el abrazo de mamá y esconder la nariz
en la camiseta de Él.
Porque Ella sabe que llegará a casa de noche,
que en la otra ciudad hará frío,
que el metro tardará más de lo que debiera...
Y luego el desierto y el trabajo.
Que la habitación se llene de silencio
y después el aire en la faringe y el estómago.

Y no saber que existen las 7.00 pm
ni mamá ni Él.
Ni Ella.

Que tan solo los nervios entre los dientes
y quizás (acaso) una llamada inoportuna
                    -pero inesperada-
y una habitación que explota
                    -sin motivo aparente-.

Son tan terribles las 7.00 pm que
si no existieran
Ella olvidaría cómo mirar.




7.00 pm

Pela luz das 7 da tarde do outro lado do postigo
haveria que pensar que a vida não é assim tão terrível.
Ainda há coisas para ler e fotografias,
passear a vista colocada na parte alta dos prédios
ou imaginar histórias de outros numa varanda aberta.
Mas inevitavelmente cai um menosprezo
o apertar da mãezinha no esconder do nariz
na t-shirt d’Ele.
Porque Ela sabe que vai chegar a casa de noite,
que na outra cidade estará frio,
que o metro demorará mais do que o previsto…
Que o quarto se vai encher de silêncio
e a seguir o ar na faringe e no estômago.

E não saber que existem as 7:00pm
nem a mãezinha nem Ele.
Nem Ela.

Apenas os nervos entre o dentame
E talvez (por acaso) um toque inoportuno
                               -mas inesperado-
e um quarto que explode
                              - sem motivo aparente-

São tão terríveis as 7:00pm
que se não existissem
Ela se esqueceria de como olhar.

(tradução: alberto augusto miranda)