sábado, 16 de março de 2013

Odiaba Amorosamente



Odiaba Amorosamente

No quisiera preguntarme para qué estas cartas. Te leí con melancólica alegría. Acá bajó la temperatura, pienso que el invierno vendrá por nosotros, nos arrojará nieve, tendremos miedo, nos contaremos cuentos, cantaremos canciones de cuna a niños ajenos, qué más da, también a nuestras almas.
Veo la apertura de la naturaleza cuando salgo a caminar, también su muerte.  A veces imagino que soy un monje que abandona el monasterio después de un largo encierro. Un monje que sólo conversó con gaviotas que venían a visitarlo, con nadie más. En realidad venían por su pan, él lo sabía, les agradecía de todos modos.
Hace unos días noté que mi caligrafía cambió por completo. Ahora es como un histriónico cardiograma. Pero no hay corazón en mis dedos. Miro mi letra y la angustia  se desprende,  mancha la hoja. Tanto esfuerzo había hecho la maestra para que en ella se reflejara el alma… Es algo que te habita, decía, y la escritura lo insinúa. Esa declaración me parecía absurda y hermosa. Se quedaba conmigo después de las clases y me hacía copiar versos. Odiaba amorosamente mi letra. Decía: es como la de un monje perdido en la tundra que araña la tierra con su mano congelada.



Odiava Amorosamente

Não me quisera perguntar para quê estas cartas. Li-te com melancólica alegria. Por aqui baixou a temperatura, penso que o inverno virá atrás de nós, lançar-nos-á neve, teremos medo, contar-nos-emos histórias, cantaremos canções de ninar a crianças alheias, tanto fa, também às nossas almas.
Vejo a abertura da natureza quando saio para caminhar, também a sua morte. Às vezes imagino que sou um monge que abandona o convento depois de uma grande clausura. Um monge que apenas conversou com as gaivotas que vinham visitá-lo, com mais ninguém. Na realidade vinham pelo seu pão, ele sabia, agradecia-lhes de todos os modos.
Há alguns dias notei que a minha caligrafia mudou por completo. Agora é como um histriónico cardiograma. Mas não há coração nos meus dedos. Olho a minha letra e a angústia desprende-se, mancha a folha. Tanto esforço tinha feito a professora para que nela se reflectisse a alma… É qualquer coisa que te habita, dizia, e a escrita insinua isso. Essa declaração parecia-me absurda e formosa. Ela ficava comigo após as aulas e fazia-me copiar versos. Odiava amorosamente a minha letra. Dizia: é como a letra de um monge perdido na tundra que arranha a terra com a sua mão congelada.

(tradução: alberto augusto miranda)