domingo, 21 de abril de 2013

Antígona




 

No me respondes, hermana. He venido ahora a buscarte. Ahora, no tardarás ya mucho en salir de aquí. Porque aquí no puedes quedarte. Esto no es tu casa, es sólo la tumba donde te han arropado viva. Y viva no puedes seguir aquí; vendrás ya libre, mírame, mírame, a esta vida en la que yo estoy. Y ahora sí, en una tierra nunca vista por nadie, fundaremos la ciudad de los hermanos, la ciudad nueva, donde no habrá ni hijos ni padres. Y los hermanos vendrán a reunirse con nosotros. Nos olvidaremos allí de esta tierra donde siempre hay alguien que manda desde antes, sin saber. Allí acabaremos de nacer, nos dejarán nacer del todo. Yo siempre supe de esa tierra. No la soñé, estuve en ella, moraba en ella contigo, cuando se creía ése que yo estaba pensando.
En ella no hay sacrificio, y el amor, hermano, no está cercado por la muerte.

Allí el amor no hay que hacerlo, porque se vive en él. No hay más que amor.
Nadie nace allí, es verdad, como aquí de este modo. Allí van los ya nacidos, los salvados del nacimiento y de la muerte. Y ni siquiera hay un Sol; la claridad es perenne. Y las plantas están despiertas, no en su sueño como están aquí; se siente lo que sienten. Y uno piensa, sin darse cuenta, sin ir de una cosa a otra, de un pensamiento a otro. Todo pasa dentro de un corazón sin tinieblas. Hay claridad porque ninguna luz deslumbra ni acuchilla, como aquí, como ahí fuera”.

María Zambrano


Não me respondes, irmã. Vim agora para te levar. Agora, não faltará muito para saíres daqui. Porque não podes ficar aqui. Isto não é a tua casa, é apenas o túmulo onde te internaram viva. E viva não podes aqui continuar; virá já livre, olha-me, olha-me, para esta vida em que estou. E agora sim, numa terra nunca vista por ninguém, fundaremos a cidade dos irmãos, a cidade nova, onde não haverá nem filhos nem pais. E os irmãos virão reunir-se connosco. Ali nos esqueceremos desta terra onde há sempre alguém a mandar antecipadamente, sem saber. Ali acabaremos de nascer, deixar-nos-ão  nascer totalmente. Eu sempre soube dessa terra. Não a sonhei, estive nela, morava nela contigo, quando o outro julgava que eu estava a pensar.
Nela não há sacrifício, e o amor, irmão, não está cercado pela morte.

Ali não é necessário fazer amor porque se vive nele. Só há amor. Ninguém ali nasce, é verdade, como aqui desta maneira. Para ali vão os já nascidos, os salvos do nascimento e da morte. E nem sequer há um Sol; a claridade é perene. E as plantas estão acordadas, não no seu sono como aqui estão; sente-se o que elas sentem. E pensa-se, sem dar conta, sem ir de uma coisa a outra, de um pensamento a outro. Tudo se passa dentro de um coração sem trevas. Há claridade porque nenhuma luz deslumbra nem fere, como aqui, como aí fora.

(tradução: alberto augusto miranda)